domingo, 9 de noviembre de 2014

Mudanzas

Ayer me mudé
a tú mente.
Está(s) realmente transitada.
He visto que muchos 
–la mayoría–
solo tienen
visado de una noche.

Casi me cargo al sueco del segundo
por no mirar por dónde voy.
Es que ahora voy por la calle
con los ojos cerrados
porque, he aprendido,
que cada vez que los cierro
te veo.
Y no veas las ganas que tengo de verte.

Mi vecina es tu yo de fiesta.
Esta noche voy a decirle
que baje el volumen
de la música
y de los orgasmos.
Que está empezando a deprimirme
con su eterna –y ciega–
alegría ebria.
Esa,
que dura siempre
que tengas una botella
–o unos labios–
en la mano.

Voy a decirle
que puede metérsela
por el coño.
Que estoy hasta el moño
del inalcanzable olor a gloria
que trepa por el rellano,
buscando enredarse en mi pelo
para burlarse decirme
todo lo que me pierdo
por esperarte.

Solo llevo un día y estoy bastante harta.

Creo,
que saldré a cargarme el sueco,
lo tiraré al suelo
y le pediré perdón lamiéndole los labios.
Lo dejaré en el felpudo de la vecina de enfrente
para que aprenda que hay cosas mejores
que la comida rápida.
A veces
los platos extranjeros
no están del todo mal.

Aún no he conseguido mi visado permanente.
Por eso,
voy a ir cada día

con el visado de una noche.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Qué hice para tener que conocerte


Muchos creen en el Karma,
yo no lo sé,
yo,
no soy especial.

Yo creo en ti,
creo que hay guerras porque tú existes.
que se matan entre ellos.
Para poder gritar tu nombre,
para poder decir que lucharon por ti.
Malditos infelices.

Yo también he luchado por ti,
he muerto en el intento
y no he vuelto a resurgir,
no como antes.
He gritado tu nombre al vacío
y
―ahora sé
porque dicen
que todo
se paga
con la misma moneda―
solo ha llegado más vacío.

Por eso,
hace poco,
dejé mi trabajo,
Ese de amarte sin que me amaras.
He de confesarte que nunca,
nunca
me había sentido tan miserable

Podría mentir(me).
Ya te he olvidado, me diría a mí misma.
Yo no vería tus ojos cuando bebiera el café.
Ya no desesperaría,
cuando alguien silbara y no fueras tú,
cuando hablasen con las palabras de otro
y no fuese con tu voz.

Ya te he olvidado, créeme.
Por cierto, si ves a cupido,
dile que por  mí,
y con todo el corazón que marchitó,

puede irse a la mierda.

jueves, 4 de septiembre de 2014

A la cínica de ti

Bailabas nuestra canción
en otro compás.
Te relamías los labios
pintados de mi desesperación por besarlos.
Dejaste que tu pelo se enredara en mis sueños
como si quisieras asegurarte de atarme,
a pesar de que sabías
que
no
había
salida.

No sé si lo planeabas
pero eras el café de mi insomnio.
Me arañabas al mirarme,
me ahogabas al abrazarme.
Nunca me matabas del todo,
te gustaba sentirte dueña de mi existencia.

Me dejabas que jugara contigo al pilla pilla,
me permitías rozarte con la yema de mis dedos,
antes de desvanecerte,
como un sueño.
Te reías cuando la niña de mí recordaba
que estabas tan cerca,
como la luna.

Si tú no fueras tú,
y yo no fuera yo,
te habría mandado a la mierda.
Pero tú eras tú,
y yo, era tuya.

domingo, 8 de junio de 2014

La oscuridad de mis miedos



Y sin previo aviso había llegado a mí vida como un torbellino que arrasa todo a su paso, imparable, inmutable. No había tenido piedad, marcando sus huellas en fuego y hielo para que no me olvidara de que existe y sigue existiendo.

Si alguien me hubiera preguntado que me parecía el amor, hubiera respondido que le tenía miedo y respeto; ahora, me atemoriza.

Había conseguido que me desnudara sin darme cuenta

Había conseguido tocarme con sus palabras

Y atarme a sus letras como la peor droga que existe

La deseaba sin consciencia,

Me caía sin remordimientos,
Porque sabía que habría valido la pena.

martes, 27 de mayo de 2014

Nuestra Jaula Dorada

  Alguien puede olvidar un recuerdo, una fecha, un nombre; pero jamás un sentimiento. 
  Los humanos estamos construidos por ellos, nos guiamos por ellos. Son los que nos definen, los que nos dan vida, los que marcan nuestros pasos. Luego… ¿por qué huimos de ellos? Porque hemos creado un modo de vida donde nuestros sentimientos son menos importantes que nuestros intereses. Vivimos en un mundo donde el amor se esconde con vergüenza y el odio se muestra con orgullo. Un lugar donde solo importa uno mismo, donde los iguales son pisoteados cuando algo se desea. Vivimos y crecimos en un mundo donde si pierdes no eres nadie y la competencia es el pan de cada día. Nos educaron para ser los mejores, para que fuéramos alguien según sus reglas y sus ideales. Nos han inculcado que ser feliz es importante, pero lo es más las formalidades, las apariencias, los estereotipos, lo que personas desconocidas hablen de nosotros. Y lo aceptamos; nos quejamos, discutimos sobre ello y creemos que somos la excepción que confirma la regla, cuando en realidad, al huir de nuestra esencia damos permiso para que nos manipulen. 
  Pero no cuento nada nuevo ya lo sabes, lo sabemos pero lo ignoramos porque, obviamente, es más importante lo que digan de nosotros.